Viaje de estudio por Latinoamérica. Crónica y reflexiones. Parte I. 27.10.13

CollageSemanaI1Recientemente Máshumus organizó y coordinó una gira con 18 productores australianos por varios países de Latinoamérica. Después de una semana recorriendo una buena parte de México y visitando algunos de los productores orgánicos punteros en este país, resulta todo un reto escribir un artículo que resuma lo que hemos visto y vivido. Y digo algunos productores, porque estoy segura que existen muchos otros que no conocemos, igualmente emprendedores, pioneros en su camino, con excelentes resultados y una actitud semejante de respeto a la tierra y las personas, que están aplicando, replicando y compartiendo sus conocimientos con agricultores vecinos.

Así es este movimiento, todavía minoritario pero firme, creciente e imparable. Lo sustentan personas como Nereida, Lam, Lety, Pedro, Javier, Víctor, Alejandro, Joaquín, Alejandra, Jorge. Todos ellos tuvieron contacto en mayor o menor medida con la agricultura química y un día se dieron cuenta de que ese no era el camino apropiado si querían continuar con la actividad agrícola. Todos sufrieron pérdidas económicas y peor aún, problemas de salud propios o en sus familias, sus cultivos o sus trabajadores.

Todos tienen otro punto en común, son buscadores, estudiosos, creativos e innovadores. Buscando soluciones a sus problemas agrícolas y financieros en algún momento se cruzaron con Sebastiao Pinheiro, Jairo Restrepo, Eugenio Gras o Nacho Simón de COAS (ahora Máshumus) cuya experiencia y conocimientos en distintos campos les ayudaron a mejorar sus producciones, abaratar costos y hacer una agricultura basada en la buena salud de sus tierras. Algunos de ellos siguen apoyándose en los citados especialistas y todos se han convertido en maestros en su ramo.

Además, todos sienten la satisfacción de hacer algo bueno y poder compartirlo orgullosamente con el grupo de agricultores y ganaderos australianos que los han visitado, y con el resto del mundo. Es emocionante escucharles y también sentir su emoción al recibir en sus ranchos y sus casas a gentes que vienen desde el otro lado del mundo a conocer sus experiencias. Es inspirador entender su trayectoria de varios años de trabajo con lo orgánico – 8 años el que más y 3 el que menos- con algunos altos y bajos, mucho valor y el convencimiento de ir por buen camino. Ahora sus buenos resultados son evidentes y nosotros unos privilegiados por conocerles y ser testigos de esta diversidad de experiencias y cultivos, que incluyen grandes y pequeñas propiedades en climas templados y tropicales cuyas historias de éxito me atrevo a esbozar en las siguientes líneas.

Nereida cultiva con su familia 37 variedades de lechugas en una pequeña superficie de menos de una hectárea cerca del aeropuerto de una ciudad de unos 5 millones de habitantes. En estos momentos, con su producción de composta alimentada con el estiércol de sus vacas, ovejas y cerdos, casi ha cerrado por completo su ciclo productivo. Su mercado lo tiene asegurado con entregas a domicilio a restaurantes y particulares de la ciudad.

Lam y Lety rentan 70ha y producen papaya orgánica, muy cerca de la costa del Pacífico mexicano. Elaboran su composta, caldos minerales, diversos extractos de plantas y al menos 10 tipos diferentes de biofertilizantes. Después de los 7 años que suele durar el alquiler de los terrenos, no solo ellos han ganado con la venta de papaya al mercado de Estados Unidos, también el dueño de la tierra la recibe en condiciones tremendamente mejores e inimaginables para un productor de papaya convencional. Procesan el 20% de sus cosechas que transforman en un sin fin de mermeladas, concentrados, dulces y todo tipo de salsas picantes.

Pedro dirige la gestión y producción de aguacates, café, macadamias y otras frutas en una propiedad de 350 ha, de las que más de la mitad está cubierta por unos impresionantes bosques sentados en las faldas de un volcán en cuyo interior una piscina natural sirve para regar los frutales por gravedad. Un lugar privilegiado en la cuna mundial del aguacate, en el Estado de Michoacán. Ellos solo utilizan un tipo de biofermento, basado en mierda de vaca, y varios caldos minerales. Son suficientes para ayudarles a cosechar aguacates de enorme calidad que envían al mercado de Estados Unidos. Además, procesan parte de sus frutos y elaboran y envasan desde helados, galletas, café molido hasta aceite corporal que venden localmente.

Alejandro es co-propietario y director de 7ha de invernaderos orgánicos en el centro de México. Comenzó hace 7 años y en los últimos 3 se ha convertido en un firme defensor y promotor de la agricultura sin químicos. Habla con gran entusiasmo y seguridad de sus tomates y pepinos: semanalmente cosechan 2500 cajas con 5 Kg de tomates y 7000 cajas de pepinos con 7 kilos cada una. La calidad la consiguen con ciclos cortos y aplicando composta bio-remineralizada con micro-organismos y harinas de rocas y una gran variedad de biofertilizantes, caldos minerales y extractos de plantas. Sus tomates pesan un 25% más por unidad de volumen que los convencionales. Además de cantidad y calidad, su mercado les exige cumplir las otras 2 “C” de la agricultura: constancia y costos. La primera está ligada a su producción intensiva y tecnificada, así como al cuidado de las condiciones dentro de los invernaderos que calientan con estufas alimentadas con serrín. Y en cuanto a costos, una cifra: la caja de tomate la venden un 40% más cara que en convencional, teniendo unos costos de producción similares.

Hablemos ahora de Javier, gerente de Bioagrofert, empresa dedicada a la producción de fertilizantes y abonos orgánicos, perteneciente a un grupo empresarial familiar mexicano. 32 millones de gallinas ponedoras, decenas de miles de vacas, ovejas, cerdos y pollos hacen de este grupo uno de los mayores en México, y seguramente en el mundo.

Desde hace años convierten en composta la enorme cantidad de estiércol que generan. Tienen 9 centros de compostaje, el mayor de los cuales con una superficie de 20ha. Venden varios tipos de compostas que han producido con 2 procesos diferentes: a cielo abierto y el japonés o Koshin.

Además poseen 2000ha de producción de grano. Recientemente conocieron a Nacho Simón y después Víctor y Silviano, 2 de sus técnicos, asistieron a un diplomado de Máshumus donde Eugenio Gras les introdujo en la ciencia del Keyline con la que hacer un buen manejo del agua en sus tierras. Desde entonces, su producción de grano ha crecido un 40%.

Joaquín es propietario de una finca de cítricos en Tabasco, en el sureste de México.

Durante 25 años cultivó 500ha de cítricos con agroquímicos. El abuso de los mismos envenenó completamente sus suelos, incapaces de nutrir y mantener a los árboles y le hizo perder 250ha de naranjas afectadas con leprosis. Le quedaron 12000 árboles con los que ahora trata de recuperarse financieramente de sus pérdidas. En 2008 conoce a Jairo Restrepo, Eugenio Gras, Raúl Medina y a Sebastiao Pinheiro de COAS, ahora Máshumus, lo que fue un parteaguas en su vida personal y su rancho. Cambiaron su forma de trabajar y producir. Lo más relevante para ellos es su compromiso con la vida y, aunque ha sido difícil, ya no han sufrido la muerte de árboles ni enfermedades, Actualmente, sus costos de producción son 2/3 menores que los de sus vecinos y con 12000 pesos/ha y la ayuda de Alejandra, la encargada de producción, cosechan 12 T/ha de limas, que dicen pronto serán 14. Los efectos de su manejo se manifiestan en la salud de los trabajadores.

Jorge y su hijo Jorge, de Orgánicos del Trópico, manejan una gran extensión de arrozales en el sur de México, muy cerca del río más caudaloso de este país. Han integrado creativamente el manejo de cereales con una rotación inteligente de herbívoros para producir el mejor arroz orgánico del país y una carne de búfalo inigualable. Han ideado y aplicado una ingeniosa forma de restaurar la vida en sus tierras, combinando biofertilizantes elaborados con microorganismos de diversas fuentes y la aplicación de sus propias formulaciones biodinámicas en sus aguas de riego, así como la inoculación de sus semillas antes de la siembra.

Crían búfalo de agua, animal perfectamente adaptado a las condiciones de la región. Con rotaciones bianuales entre la siembra de arroz y un pastoreo inteligente, están logrado transformar el pasto nativo, considerado una mala hierva por el ganado bovino, pero apetecido por el búfalo, en enormes cantidades de materia orgánica enriquecida por la microbiología de cientos de estómagos que pastan apaciblemente es los campos de arroz. Además, tienen un ingenioso sistema de agua de riego que la recicla después de pasar por todos sus campos para regresarla a un rservorio en la parte más alta de la propiedad

El manejo de los recursos naturales que hace Orgánicos del Trópico es un ejemplo a nivel mundial. De sus 400 ha, más de 50 ha se mantienen como reservas naturales llenas de fauna silvestre. Por sus canales circulan tortugas, cocodrilos y peces de todo tipo, mientras que sus campos de arroz son visitados por más de 110 especies de aves durante el año. Una verdadera riqueza natural

Ha sido muy revelador escuchar a cada uno de ellos. Hemos constatado que la agricultura orgánica es una actividad productiva y rentable, terminando con el mito de que es cara, con poca calidad y propia de unos cuantos “hippies marginales”. El problema es que muchos de los productores orgánicos del primer mundo, donde se ha generado y extendido esa mala fama, no conocen ni aplican muchas de las técnicas en las que se basa el éxito y la rentabilidad de las experiencias latinoamericanas. Hablamos de los bio-fermentos, los caldos minerales y de los micro-organismos benéficos, cuyo uso agrícola se conoce desde hace más de 40 años en Latinoamérica.

Los escasos recursos financieros de los campesinos en este continente avivaron su creatividad en la búsqueda de alternativas a los caros y dañinos agroquímicos impuestos por la agroindustria, las universidades y los gobiernos. Es por ello que en países como Brasil, Costa Rica, Cuba o Ecuador, aparecieron y se extendieron las técnicas y herramientas citadas. La clave de su éxito es que el agricultor no tiene que gastar enormes cantidades de dinero para poder aplicarlas, endeudándose como la mayoría de los convencionales. Al contrario, en pocos días puede adquirir los conocimientos necesarios para evaluar sus suelos, elaborar sus bio-insumos y poner en práctica sencillas técnicas para el manejo y optimización del agua en sus fincas. ¿te animas?

Raquel Gomez Almaraz, Octubre de 2013

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