Eugenio Gras. Sueña bien y ayuda a los demás

E5okEugenio, hombre carismático y con un enorme don de gentes, fue siempre muy reservado y cuidadoso con su vida privada, que mantenía en la más absoluta intimidad. En estas líneas me gustaría compartir algunas anécdotas y facetas de su vida quizás menos conocidas, sin dejar de ser fiel a su deseo legítimo de discreción.

Muy querido y admirado en muchos lugares y países, solo necesitaba su familia más cercana para ser feliz.

Su “dosis de gente” la recibía con creces en los muchos cursos y diplomados que daba cada año. En ellos se entregaba y compartía sin límites sus conocimientos. Quería ayudar a la gente del campo, a la que admiraba y respetaba enormemente.

Siempre fue muy bueno para comunicar, y contaba que desde niño eso le causaba problemas en la escuela, donde muchos ratos los pasó con una cinta pegada en los labios y con incontables visitas a la oficina del director.

Incansable trabajador y soñador, fue un resolvedor por excelencia. No había problemas para él, solo retos. Si algo se atoraba, él fluía, como el agua a la que dedicó gran parte de su vida profesional, buscando y generando soluciones. Nunca se enredaba con asuntos personales, su pragmatismo y optimismo natos lo conducían hacia delante, sin detenerse a mirar atrás.

Fue un hombre muy brillante, con una mente creativa imparable, manos hábiles, excelente en su quehacer y generoso con la gente. Entregado por completo a cuidar la tierra y a las personas. Un ser excepcional que muchos tuvimos la suerte de conocer y al que estaremos siempre agradecidos.

Al terminar la preparatoria, necesitaba una beca para poder ir a la universidad -que su familia no podía pagar- y sin dudarlo viajó solo desde Guadalajara a la ciudad de México en autobús para solicitarla. Se la concedieron.

Antes de terminar sus estudios universitarios ya dirigía una empresa de fabricación de muebles de ratán con más de 20 trabajadores. Esto fue su argumento ante el tribunal de examen profesional. Cuando llegó el momento de presentar el examen les dijo: “miren, llevo dirigiendo una empresa de estas características desde hace 2 años. ¿creen que necesito algo más para demostrar que soy ingeniero…?” Fue suficiente. No tuvo que hacer el examen y el tribunal le concedió su título de ingeniero.

Eugenio solía decir: en la vida solo hay que soñar y después dejar que el Universo haga su chamba, su trabajo. Lo importante es soñar bien, tener claro qué queremos, hacia dónde queremos dirigir nuestros pasos o el lugar donde queremos vivir.

En su primer viaje a Europa con algo más de 20 años, conoció a una pareja de ancianos campesinos suizos cuando buscaba una habitación para pasar una semana. Contaba que la única palabra de francés que sabía era “chambre” – cuarto. Se quedó un año a vivir con ellos y en ese tiempo tuvo claro que ya no volvería a vivir en la ciudad. Esas personas despertaron en Eugenio su amor a la tierra y un entendimiento de la vida que lo marcarían para siempre.

Al regresar a México se trasladó a Tapalpa, un pueblo de montaña en el Estado de Jalisco. Allí construyó su primera casa, literalmente “en medio de un arroyo”, tal como contaba en sus cursos de diseño hidrológico, haciendo reír a sus alumnos con la gracia que lo caracterizaba. Con el tiempo y durante muchos años se dedicó a diseñar y desarrollar terrenos rurales con permacultura y a construir casas ecológicas. Las habitaba un tiempo, las rodeaba de árboles y hortalizas y las vendía como pan caliente.

En los años 90, conoció la permacultura en una presentación en San Miguel de Allende e inmediatamente decidió trasladarse a aprender de la fuente. Viajó a Australia donde vivió un año en el rancho Melliodora de David Holmgren -co-creador de la permacultura, junto con Bill Mollison- y su familia. También vivió una larga temporada en Cristal Waters, Australia, con Max Lindeger, uno de los principales diseñadores y constructor de esa ecoaldea, primera en el mundo diseñada con Permacultura.

De vuelta en Tapalpa una gitana le leyó la mano y le dijo: “tu tienes que enseñar, sabes mucho”. Y ese fue el detonante de su camino como instructor y conferenciante internacional.

Excelente orador, sin importar a quien tuviera delante, Eugenio tenía la capacidad de llegar a todos:  campesinos, grandes empresarios, políticos y personas de cualquier nivel social. También sabía poner en su lugar y era muy determinado con aquellos que en su opinión se estaban saltando el orden y bienestar de personas o animales.

Sé que en no pocas ocasiones dijo cosas trascendentales para la vida de varias personas que después manifestaron que esa frase de Eugenio “les cambió la vida”.

Hace bastantes años, en algún momento de su juventud se cruzó con un asesor de campo. Fue entonces decidió que quería ser consultor internacional y lo fue. Sus bastos conocimientos y experiencia en campos como la permacultura, el diseño hidrológico con Keyline, el manejo de ganado, la producción de lácteos, la agricultura orgánica, la fabricación de muebles, la energía y electricidad y sus bases como ingeniero industrial lo convirtieron en un consultor internacional muy reconocido. Sus conocimientos sobre la Vida -con mayúsculas- le otorgaron una sabiduría que, combinada con sus conocimientos técnicos, inspiró y ayudó a muchas personas a encontrar o reorientar sus proyectos y sus vidas.

En sus asesorías de campo, primero se enfocaba en atender la parte social, haciendo énfasis en las condiciones de los trabajadores y poniendo sobre la mesa temas inesperados para los clientes. Ávidos de escuchar sus consejos técnicos en el ámbito agropecuario, recibían primero indicaciones necesarias para la viabilidad de cualquier rancho y sobre todo para el bienestar de las personas. De cierta forma daba cachetadas con guante blanco a quienes las necesitaban.

Su enorme generosidad y gran empatía con las personas nunca dejaron de sorprenderme e impresionarme. Siempre pensaba en los demás.

Siempre tenía dinero en su cartera para compartirlo con cualquier persona que mendigaba en la calle, sin juzgar si lo merecía o no. Encontraba la manera de apoyar a económicamente a su familia, amigos o empleados, compartiendo lo que tenía con quien lo necesitaba, sin esperar nunca una compensación por su parte. Cuando participó en promover un negocio familiar de producción de fruta orgánica, su sueño fue que todos los trabajadores accedieran a una casa y coche propios y repartirles utilidades en caso de haberlas.

Al nacer su hija Alondra, también surgió en él una profunda sensibilidad hacia las mamás solteras o solas y soñaba con tener recursos como para crear un centro o fundación para apoyarlas. Mientras eso ocurría, tomó la iniciativa de apoyar a varias de mis amigas emprendedoras antes que ellas si quiera lo pidieran, y sin que yo dijera nada.

Al jardinero cuyo hijo se accidentó gravemente, le entregó casi todo el dinero que nos quedaba para terminar de construir la casa familiar, con la firme convicción de que él lo necesitaba más que nosotros.

Y así un sin fin de ejemplos que no hacen sino mostrarme, mostrarnos, el camino a seguir en esta tierra. Después de mucho buscar aquí y allá, dentro y fuera, Eugenio lo tenía claro: para avanzar como personas, el camino es ayudando a los demás. Sueña bien y ayuda a los demás.

Eugenio, te amamos y admiramos. Tu luz siempre nos va a guiar.

Raquel Gómez
Ajijic, enero de 2022

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